CIA. Por mÃĄs de 60 aÃąos las tres letras que identifican a la Agencia Central de Inteligencia han encarnado los poderes secretos de la polÃtica exterior estadounidense, a la que
se le atribuyen desde complots polÃticos en AmÃĐrica Latina hasta operaciones encubiertas e infiltraciones a gobiernos de todo el mundo. En Colombia, desembarcaron a principios de los 50 y de inmediato los hombres de âLa CompaÃąÃaâ, como le decÃan en clave a la agencia, empezaron a escribir memorandos sobre revueltas gaitanistas en CÚcuta, miembros del Partido Comunista y las movidas del poder en la Casa de NariÃąo y en el Congreso. Pero tambiÃĐn cables e informes de inteligencia donde la CIA se refiere a las conductas de seis presidentes colombianos y a sus polÃticas y escuderos.
Laureano GÃģmez, Gustavo Rojas Pinilla, Alfonso LÃģpez Michelsen, Misael Pastrana Borrero, Julio CÃĐsar Turbay Quintero y Belisario Betancur Cuartas aparecen con frecuencia en sus reportes.
Y aunque algunos de los documentos en donde los mencionan se podÃan consultar en los cuatro computadores del centro de Archivos Nacionales en College Park, en Maryland, una orden judicial, emitida a principios de enero, obligÃģ a la CIA a poner en lÃnea toda su base de datos y a permitir el libro acceso.
Son cerca de 930.000 documentos con informaciÃģn de todo el mundo, en donde EL TIEMPO identificÃģ cables que hacen alusiÃģn a Colombia, a su dirigencia y en especial a las actividades del Partido Comunista de Colombia, una especie de obsesiÃģn para los estadounidenses de cara a una guerra con la UniÃģn SoviÃĐtica.
La polÃtica de tierras de LÃģpez, el golpe de Estado de
Gustavo Rojas Pinilla, la polÃĐmica ÃĐpoca de Laureano GÃģmez, las relaciones de
Belisario Betancur con la guerrilla y el cÃrculo cercano de Julio CÃĐsar Turbay fueron tema de anÃĄlisis de los agentes, que reportaban a Washington.
Historiadores y allegados a los exmandatarios accedieron a analizar los cables sobre dichos gobiernos y lÃderes, y a controvertir algunos de los diagnÃģsticos y calificativos de los agentes de la ÃĐpoca cuyos sucesores siguen rondando. EL TIEMPO revela apartes de esos expedientes.
1. Sin fe en las reformas de LÃģpez Michelsen
En un memo del 5 de agosto de 1974, dos dÃas antes de su posesiÃģn, la CIA considerÃģ que Alfonso LÃģpez Michelsen llevaba al paÃs hacia la centroizquierda. Pero âno va a traer cambios en las relaciones con Estados Unidos ni en las polÃticas localesâ. Y agregaron: âLos latifundios no se van a tocar, pues la mayorÃa de los apoyos financieros de LÃģpez vienen de terratenientesâ.
TambiÃĐn seÃąalaron que LÃģpez entendÃa que los apetitos de cambios de la juventud âexceden su capacidad (o deseo) de reordenar la sociedad. La CIA lo describiÃģ como un polÃtico ârealistaâ y âuno de los pocos miembros del establecimiento con algo de simpatÃa entre las clases popularesâ.
Al respecto, el historiador Stephen Randall le dijo a EL TIEMPO que, en su criterio, LÃģpez creÃa que el principal problema agrario no eran los latifundios, sino las ineficiencias de los minifundios. Para Randall, aunque el sector cafetero sà tuvo influencia, no cree que LÃģpez fuera controlado por los grandes propietarios, como creÃan los agentes de la CIA. Y recordÃģ la fuerte oposiciÃģn sindical que LÃģpez enfrentÃģ por la alta inflaciÃģn, que culminÃģ con el violento paro cÃvico que sacudiÃģ a Colombia en 1977.
2. Cables sobre el âastutoâ Turbay
En febrero de 1978, cuando Julio CÃĐsar Turbay buscaba imponerse como candidato liberal, la CIA lo describiÃģ como âun polÃtico superficial que controla buena parte de la maquinariaâ, con una âplataforma de campaÃąa indecisaâ y un âestilo retÃģrico pesadoâ. Y aunque lo calificaron como âastutoâ, aÃąadieron: âPor su falta de educaciÃģn formal y antepasados libaneses no ha sido aceptado por la ÃĐliteâ. Hablaron de ârumores sobre corrupciÃģn y narcotrÃĄfico en el cÃrculo de Turbay y de sus partidariosâ. Y de la deuda que iba a tener con âcaciquesâ que lo apoyaron y que supuestamente varios âpodrÃan estar involucrados en el trÃĄfico de drogas o que les dan protecciÃģn oficial a los caposâ.
En respuesta, Julio CÃĐsar Turbay Quintero dijo que su padre fue un hombre correcto que buscaron descalificar âcon rumores de adversarios en ejercicio de prÃĄcticas sucias de campaÃąaâ. RecordÃģ que fue ÃĐl quien firmÃģ el Tratado de ExtradiciÃģn, liderÃģ la lucha contra la mafia de la Costa y que incluso en esa ÃĐpoca EL TIEMPO revelÃģ una carta en la que EE. UU. decÃa que no habÃa ni quejas ni tachas. Stephen Randall historiador de la Universidad de Calgary explicÃģ que la administraciÃģn de Jimmy Carter presionÃģ a los gobiernos de LÃģpez y de Turbay por temas de narcotrÃĄfico y de corrupciÃģn, pero que la relaciÃģn de Turbay con Washington no fue hostil.
3. Misael, tecnÃģcrata con experiencia
Aunque la CIA creÃa que Misael Pastrana ganÃģ legÃtimamente las elecciones de 1970, advertÃan que âfue por una ventaja muy corta y muchos piensan que fue elegido con fraudeâ, lo cual significa que âno va a tener gran aceptaciÃģn pÚblica ni se va a reconocer su legitimidadâ. Lo calificaban de âtecnÃģcrata con experienciaâ mÃĄs parecido a âun burÃģcrata de rango medio que a un lÃder polÃtico dinÃĄmicoâ, e informantes de la CIA lo veÃan âcomo una marioneta del establecimientoâ.
Al respecto, el profesor canadiense Stephen Randall opina que si bien la presidencia de Pastrana no fue âespecialmente impactanteâ, pues no hubo grandes polÃticas sociales o econÃģmicas, âreferirse a ÃĐl como una marioneta es demasiado extremoâ. El historiador tambiÃĐn recordÃģ que el lÃder conservador enfrentÃģ grandes obstÃĄculos porque varios sectores del paÃs no consideraban que su elecciÃģn hubiera sido legÃtima.
4. Rojas Pinilla, del apoyo al golpista a la crÃtica total
Para la CIA, el golpe de Estado de 1953 âacabÃģ con el poder tirÃĄnico que tenÃa un grupo muy pequeÃąoâ, que permitiÃģ âparar lo que muchos sentÃan como una dictadura de Laureano GÃģmezâ.
La preocupaciÃģn de la CIA era que el EjÃĐrcito le cogiera gusto a su posiciÃģn y no devolviera el poder. Cuando Rojas tratÃģ de llegar al poder a travÃĐs de la Anapo, la visiÃģn de la CIA cambiÃģ: âPor su doctrina nacionalista y hostilidad a la democracia liberal, el movimiento es una fuerza autoritaria y potencialmente totalitariaâ, con posiciones polÃticas muy âvagasâ y adherentes âpoco sofisticadosâ. TemÃan que, tras la derrota electoral de Rojas por un estrecho margen frente a Misael Pastrana, las denuncias de fraude terminaran en un levantamiento anapista. Lo cual en efecto
pasÃģ con la creaciÃģn del M-19. Para el historiador Daniel GarcÃa-PeÃąa, Rojas tuvo una especie de metamorfosis. âLlegÃģ al poder con el respaldo de los liberales y conservadores ospinistas en contra del laureanismo, con muy estrechas relaciones con EE. UU. Pero una vez en el poder fue forjando su propio proyecto (Tercera Fuerza) de inspiraciÃģn peronista, razÃģn por la que las oligarquÃas liberal y conservadora se unieron para tumbarlo e instaurar el Frente Nacionalâ, explicÃģ el experto. âLuego, con Anapo profundizÃģ el carÃĄcter social, razÃģn por la que atrajo diversos grupos de izquierda. Su actitud frente al fraude fue mÃĄs bien tÃmida y el nacimiento del M-19 fue mÃĄs una reacciÃģn a su pasividadâ, concluyÃģ.
5. Belisario y el proceso de paz
âProyecta una imagen de abuelo, pero es un polÃtico mucho mÃĄs astuto de lo que muestraâ. Asà fue descrito por la CIA el conservador Belisario Betancur. Su elecciÃģn, decÃan, âes un enigma para muchos conservadores, sobre todo porque sus opiniones sobre algunos temas son tan inciertas como lo son sus consejeros polÃticos y econÃģmicosâ.
SegÚn la CIA, las ideas del mandatario eran fuente de âdesconfianza por los elementos mÃĄs conservadores, incluyendo los de su propio partido y sectores de las fuerzas armadasâ. Por eso vaticinaron: âBetancur va a resistir a todos los esfuerzos de Reagan para embarcar a Colombia en erradicaciÃģn con herbicidas y en las polÃticas de extradiciÃģnâ. De hecho, decÃan que, mÃĄs allÃĄ del presidente, habÃa una reticencia en el paÃs para asumir de lleno la lucha contra el narcotrÃĄfico por âel rol que el dinero del narcotrÃĄfico ha jugado en las campaÃąas polÃticas de ambos partidos polÃticosâ.
La CIA tambiÃĐn desconfiaba de las negociaciones de Betancur con la guerrilla, que tildaron de âpseudopazâ y de una oportunidad para los subversivos de descansar, reagruparse y reclutar.
SegÚn el historiador Daniel GarcÃa-PeÃąa, la propuesta de paz con la cual Betancur llegÃģ a la presidencia iba en contravÃa de la âDoctrina Reaganâ, como lo fue el Grupo de Contadora. Y la entrada a los No Alineados fue una muestra de independencia. âNi conservadores ni EjÃĐrcito apoyaron la paz. El anÃĄlisis de la CIA refleja la propaganda del EjÃĐrcito mÃĄs que la realidad, e ignora, por ejemplo, el exterminio de la UniÃģn PatriÃģticaâ, puntualiza.
6. Laureano, el inflexible
El hombre fuerte del partido Conservador fue descrito en cables de la CIA como lÃder de una facciÃģn âviolenta e inflexibleâ, de âun rÃĐgimen conservador despiadadoâ, quien âestaba a punto de imponer una de las constituciones mÃĄs reaccionarias jamÃĄs ideadas en AmÃĐrica Latinaâ y que âllevÃģ al paÃs a una situaciÃģn cercana al caosâ.
Para Daniel GarcÃa-PeÃąa, miembro de la Academia de Historia, no sorprende la percepciÃģn: âPese a que Laureano hizo lo posible para ganarse a Estados Unidos, incluyendo el envÃo de tropas a Corea, nunca logrÃģ la plena confianza por su pasado falangista y profascista. La violencia oficial se iniciÃģ contra el gaitanismo en el gobierno de Ospina, pero se profundizÃģ con Laureano y se extendiÃģ a la ÃĐlite liberal. En vÃsperas del golpe de Rojas, âcaosâ es una caracterizaciÃģn correctaâ.
La obsesiÃģn comunista
Como instituciÃģn creada en los albores de la Guerra FrÃa, la CIA tenÃa sus ojos y espÃas enfocados en el Partido Comunista de Colombia (PCC) y en los grandes y poderosos sindicatos del paÃs. Por aÃąos, monitorearon, infiltraron y registraron las reuniones polÃticas y los debates internos de la organizaciÃģn. SegÚn los archivos desclasificados, con regularidad elaboraron listas de los dirigentes de izquierda. En abril de 1952 incluso analizaron el rol del PCC en caso de que se entrara en una guerra entre Estados Unidos y la UniÃģn SoviÃĐtica.
Los agentes escribieron en ese momento que la capacidad del partido era baja, pero que podÃan liderar huelgas, sabotear los puertos y hasta la industria petrolera. Pero creÃan que no habÃa peligro: âLos lÃderes del partido estÃĄn identificados y podrÃan ser arrestados si mejora la eficiencia policialâ. Tampoco pensaban que tuvieran documentaciÃģn confidencial que interesara a MoscÚ, salvo algunos militantes, âsobre todo abogadosâ que, en su criterio, tambiÃĐn podÃan âser arrestados y condenadosâ.
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